Steve, un snowboarder profesional tan inmaduro como talentoso, acaba tirado en la cumbre junto a Branka, su novia y representante, y su colega Joschi después de que una de sus bromas arruine el vídeo promocional de su patrocinador. Los tres se refugian en un hotel de montaña justo cuando el experimento del dueño del complejo para fabricar nieve a temperaturas cálidas convierte a la fauna local y a los esquiadores en zombis sedientos de sangre. Ópera prima del austriaco Dominik Hartl, que reconoce como referentes «Zombies Party» de Edgar Wright y «Braindead: tu madre se ha comido a mi perro» de Peter Jackson, y que traslada el splatter a las pistas de esquí. La crítica la recibió con tibieza: un 55% en Rotten Tomatoes con once reseñas, dos estrellas de cinco en The Guardian (que valora que tenga garra y no se haga larga) y elogios de Empire a su forma de salpicar por encima de su modesto presupuesto (reseñas recogidas en Wikipedia).