Durante una lluvia de meteoritos, el mecánico Barry ve cómo su mujer y su hija se convierten en zombis y se queda sin clavos para acabar también consigo mismo. Rescatado por otro superviviente, se echa a la carretera en busca de su hermana Brooke, secuestrada por un grupo paramilitar que experimenta con muertos vivientes en un camión-laboratorio. En una Australia donde la gasolina ha dejado de arder, el grupo descubre que el aliento y la sangre de los zombis son inflamables: el motor del apocalipsis se alimenta de sus propios muertos.
Ópera prima de Kiah Roache-Turner rodada por unos 160.000 dólares y financiada mediante crowdfunding, «Wyrmwood» se estrenó en Fantastic Fest en 2014 y se convirtió en un fenómeno de culto del cine de zombis reciente: «Mad Max» con muertos vivientes, según The West Australian, que asegura que la película «parece y funciona mucho mejor de lo que sugiere su presupuesto». Variety celebró sus hallazgos de guion, como la gasolina de sangre zombi o los poderes de Brooke, y el consenso de Rotten Tomatoes la resume como «una variación exultante del género zombi», con un 82% de críticas positivas (reseñas y datos recogidos en Wikipedia).